Casualidad artística


Miércoles, 11 de julio de 2007

ENDI Orlando

Mameyes. Aceite en masonite.
MAMEYES, Pintado en el 1985.  Aceite en masonite.

Cuando era pequeño el artista Manuel Hernández Acevedo jamás imaginó que su vocación estaría relacionada con el arte.

Hernández nació en el municipio de Aguas Buenas procedente de una familia muy humilde. Su educación la completó hasta el cuarto grado.
Posteriormente se dedicó a trabajar como zapatero, ayudante de rotulista y cocinero en diversos locales.

En el 1947, casi por casualidad ingresó al Taller de Artes Gráficas de la División de Educación de la Comunidad del gobierno de Puerto Rico (DIVEDCO).

Este programa buscaba fomentar las artes y la cultura entre la juventud y los niños de Puerto Rico.  Allí, Hernández tuvo la oportunidad de conocer destacados profesores que comenzaron a inculcarle el amor por el arte.

La artista gráfica norteamericana, Irene Delano fue la responsable de estimular a Hernández a aprender el oficio de la serigrafía.

Poco tiempo después, el joven artista comenzó a pintar demostrando una habilidad innata.
Cuentan los que le conocieron que su carácter humilde y honrado se transmitió en sus pinturas.

Algunos críticos catalogan sus trabajo como pinturas naíf o ingenuas por su carácter espontáneo. Además, en sus piezas abunda la simplicidad de temas, formas y variedades de luz y color.

Nota del Editor: El Nuevo Día continúa con las reseñas de 51 artistas puertorriqueños cuyas obras, reunidas en la colección de arte de la Cooperativa de Seguros Múltiples, serán presentadas en el Museo de Arte de Orlando desde el 23 de agosto en la exposición Imagen de una Cultura.


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